Seguro que llevas ya un tiempo escuchando hablar del DIY. Son las siglas de Do it yourself, que en español sería Hazlo tú mismo. Tras esta expresión se encuentra toda una cultura de arte, creatividad, manualidades y actividades. Pero su origen no es exactamente este. Te contamos cómo nació realmente esta cultura.

Para conocer hasta qué punto el DIY está tan extendida en nuestra sociedad, podemos ver un claro ejemplo: ikea. La tienda de muebles y decoración más famosa tiene clara la idea que te vende: hazlo tú mismo. Compra los muebles desmontados y crea, tú solito, tu propia casa.

La idea de ser uno mismo quien ha construido el hogar en el que vive es, cuanto menos, apetecible. Es una de las razones (junto con los bajos precios) de que triunfe esta cadena de mobiliario. Nos hace sentir satisfechos con nosotros mismos.

¿De dónde proviene realmente el Do it yourself (DIY)?

Nació a partir de un movimiento anticapitalista de los 70 que se negaba a seguir las pautas de comprar y comprar sin parar. Hacer cosas con material reciclado o ya usado era una manera de ahorrar tiempo y evitar caer en las compras. Ahora lo ligamos a manualidades con papel y similares, pero realmente se puede extrapolar incluso a instrumentos musicales o ropa con tal de que cumpla la filosofía de su origen: ahorrar.

La moda de las cosas personalizables

Nike te permite escoger los colores de tus zapatillas, e incluso grabar tu nombre en la suela. Apple te vende que tu móvil es exclusivo y único, pese a que muchísima gente lleva el mismo que tú. Lo mismo ocurre en infinidad de marcas reconocidas, desconocidas, caras y baratas. Todos apuestan por la personalización. Buscan la exclusividad hasta en los pequeños detalles.

De esta personalización hemos pasado a la creación. Si montamos nosotros mismos lo que queremos, saldrá tal y como teníamos en mente, influyendo en nuestra satisfacción personal.

DIY, y hazlo con tecnología

Después de conocer las ventajas que tiene el DIY y que esta no tiene límites, podemos imaginarnos la cantidad de aplicaciones de esta cultura si usamos la tecnología.

En Madrid han abierto un espacio dedicado precisamente a la fabricación digital. Se llama makespace e impulsa la innovación digital de manera creativa. Cada uno puede desarrollar prototipos o productos tecnológicos en esta iniciativa creada sin ánimo de lucro.

En Melbourne otra experiencia innovadora se creó impulsada por la filosofía del DIY. En este caso se trataba de crear, junto con personas, una exposición. Para ello tendrían que pasar 12 horas nocturnas en el museo. Lo hicieron de esta manera para seguir el Design Thinking e involucrar a las personas en su creación.

La participación del usuario hace que el resultado cobre popularidad. Los consumidores quieren valor, quieren ser ellos el centro, y no el sujeto pasivo de una venta. Es por ello que la personalización triunfa. Y lo mismo ocurre con el DIY.

La parte digital del «design hack» la encontramos en la participación de ciudadanos para resolver problemas tecnológicos de cualquier persona o institución. Ellos encuentran una solución creativa al problema y sienten haber ayudado en el proceso. Les gusta que se les pregunte su opinión, que se valoren sus conocimientos y, sobre todo, que se reconozca la utilidad de sus ideas.

La cultura del DIY no tiene límites ni intención de pararse, así que, ¡únete a ella!

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